sábado, julio 21, 2012

DOLOR EXQUISITO*

Sigo robando historias

Dejo en manos del viento del norte mi destino
Dejo en manos del libro de poemas mis sentimientos
Dejo en manos del cielo azul mis sueños
dejo en manos de los arboles viejos mis abrazos
dejo en manos de mi pelicula favorita mis lugares comunes
dejo en manos del agua mis errores (ojalá los limpie)
dejo en manos de mi almohada mi ternura
dejo en manos de mis libretas mis dibujos
dejo en manos de mi pequeña vajilla mi gusto y mi simpleza
dejo en manos de mis amigos mis palabras
dejo en manos de mi familia los buenos momentos
dejo en manos de mis sobrinos mis colores
dejo en manos del paisaje mi mirada tranquila
dejo en manos de mis contradictores mis argumentos
Mi colección de camisas de rayas, mi amor, la poca esperanza que me queda y mis cuentos infantiles me los llevo conmigo ...

La viscera fantasma dejo nuevamente de latir

(La exposición de Sophie Calle* una premonición, la vajillita del Carmen de Viboral, Begginers Mike Mills)

lunes, abril 09, 2012

... un letrero que dice OPEN, una puerta azul desteñido a medio ilustrar, una oficina de papel, una venta de cervezas, un hombre descansando tirado en el suelo después de una cálida jornada, la torre de una iglesia, las torres de muchas iglesias, el cielo siempre azul, cajas de sorpresa, cajas de circo, cajas de un teatrino ambulante, colores, muchos colores para volver a pintar, el final de este viaje para mi ...

domingo, septiembre 04, 2011

Historia de una viscera fantasma, historia de un mal día (cuento corto para pasar el rato, para disimular el tiempo ...)




Al occidente el cielo oscurece con pausa y con calma detrás de las tres torres de ladrillos de ese arquitecto reconocido de esa ciudad, que tal vez escuchó en algún momento a Jacques Loussier, el pianista de jazz que escucha tirada en la camita con manta roja, donde duerme junto al telescopio Astromaster que nunca conocera las estrellas, porque no se ven como en la carta celeste de la libreria donde venden los libros que quería comprar pero ya no leera.

Todo esta detenido, las nubes, los ladrillos de la habitación, el libro de Daniel Quinn*, el sombrero de paja en el piso, la bolsa azul con el lobo, el conejo, el perro , el vaquero, la cajita de fosforos con la historia de Hansel y Gretel el cuento que a veces habita el inconsciente infantil. La viscera fantasma también se detiene por un instante mientras quedan impresas en el papel todas estas palabras llenas de lugares comunes. Solo se escucha el silencio de las cosas que han dejado de ocupar su lugar, el vacio del espacio que ya no es, adentro se pregunta el pulmón izquierdo en voz baja, sin saber que el derecho también ¿donde estará la viscera fantasma que antes latía todo el tiempo?.

* Paul Auster.

viernes, marzo 17, 2006

Dedicada otra vez a la mala escritura … y al más puro y real de los sentimientos “la envidia”.

Angelito de mi guarda, mi dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día … los puntos suspensivos indican la frase con que me dormía todos los días desde que tengo uso de razón, desde los cuatro o cinco años hasta los … alguna cifra veinteañera que como la oración ya se me olvido; la cadena de oro con la medalla de la virgen de los milagros que lleve puesta desde los nueve años, cuando hice mi primera comunión, hasta bien entrados los noventa me la robaron unos ladroncitos para comprarse un bareto y disfrutar un rato de la traba somnolienta que produce la marihuana; una virgencita rustica y feita que compre en Raquira se me quebró, como la fe que mueve montañas; igual pasó con la ilusión del cole de la vida soñada, una vez terminaban las clases, la misma que se desvaneció junto con las poéticas ideas revolucionarias que mi sicorigida personalidad nunca permitió que afloraran en la cantera universitaria donde estudie; de proyecto de vida no me queda más que un cartón de un diplomado que hice una vez a distancia, y dice proyectos … ambientales; por mi cabeza nunca paso la idea de establecerme en línea recta, a la manera tradicional de crecer, casarte y comprarte un TV pantalla plana, tampoco ponerme un traje sastre con un maletín de ejecutiva, mirar por encima de las gafas y llevar el pelo liso liso por el secador; así que con la fe quebrada, los sueños y las ideas desvanecidas, pantalones, zapatos planos y busitos y el proyecto de vida en un papel, decidí enfrentarme, en líneas ambiguas, al mundo de la adultes, medio soberbia medio desparpajada, medio tranquila, incluso medio pálida, mi color natural … pero que va sin fe, sin proyecto de vida, sin tacones y sin TV pantalla plana no es fácil asumir la existencia, y por eso en vez de palidecer aún más o sonrojarme por el tiempo perdido con mi cacareada personalidad, mi piel se ha tornado verdosa por la envidia (el único sentimiento que no es incoloro) que siento por las personas que llevan colgada una crucecita, estrella de David o media luna en el cuello; las que se tocan la cabeza, los dos hombros y el pecho en una ordenada revista gimnástica cuando pasan por una iglesia, aún más por las que piden un deseo cuando entran por primera vez a una capilla, pasan por debajo de un túnel o apagan las velitas de la torta del cumpleaños; por las que tocan madera o hueso de vieja, las que creen, creen y vuelven a creer en las historias de miedo y en la vida eterna, si la misma que sigue después de la muerte; por las que ansiosas se leen la taza del chocolate (yo a duras penas me tomo dos traguitos), las líneas de la mano no importa lo reseca que este, la carta astral, el calendario maya, el i ching, el iris y el Tarot; que envidia siento por los que disfrutan de los consejos sabios de los sicólogos, las gotas bioenergéticas y las agujitas del acupunturista; también siento envidia por las bibliotecas llenas de libros de superación personal, por los que lloran leyendo los párrafos de Anthony de Mello, Choppra, Louise L. Hay y Chiquinquirá Blandón; ahhh también por los babosos enamorados, y las chocolatinas, y los regalos, y los sobrenombres rosas como osito - osita, el murmullito telefónico y el metalenguaje infantil propio de esas lides del amor; tengo envidia además por las que usan falda y tacones, y disfrutan medio día en la peluquería oyendo las bestialidades del peluquero, pero que va yo estoy llena de uñeros porque nunca nunca nunca me hecho el manicure; siento Envidia por los que en la oficina te hablan todo el día de los adelantos de Camila la hija, y tienen la foto de los dos niños pegada en el paño de la división, por los que a la hora del almuerzo compran un dulce para Manuela y por la tarde aprovechan un ratito de la conexión a Internet para llevarles las tareas y consultas a laura y Melisa.

Siento envidia por los seguros (que no tienen idea de nada) que creen que se las saben todas así estén equivocados, por los que tienen celular que funciona, se saben su propio número y todo el día les entran llamadas; Envidia por las que compran productos por catalogo, como cremas para la piel, que traen de regalo una cartera plástica para los cosméticos (que nunca tendré), desodorantes, ropa interior femenina y bebidas adelgazantes; envidia por los que, como una muestra adicional de superación personal, van a charlas de Anway, Avon, para hacerse un dinerito extra con las ventas directas y tienen la certeza de que pronto les entregaran, como premio a su inquebrantable constancia, el carro marcado que te identificará frente a los demás como la vendedora estrella de Yambal.

Envidia por los que tienen carácter para tomar decisiones, bien sea con el corazón o con la masa cerebral, envidia por los que creen con convicción que son felices, aunque todos sabemos que la felicidad tan inodora, tan insabora, tan incolora, no existe … envidia por los que se acuestan y en vez del ruido insoportable del despertador son despertados por el suave murmullo de las animas, las mismas que viven en el purgatorio;

… envidia por los que se duermen con una pregunta difícil de contestar y amanecen con la respuesta enredada entre las cobijas y la almohada …

jueves, febrero 23, 2006

Quinta entrega









Dedicada a la mala escritura, a propósito de Charles Bukowski, un perdedor sin pretensiones. Advertencia, en letra menuda, esta crónica esta tan pesada y mal escrita como la vida misma.


Es extraño como nos imaginamos los países, las ciudades, los lugares, las pinturas, los personajes de los libros, los sitios cliché, siempre nos llevamos una sorpresa por dimensionar o subestimar, nos alejamos o acercamos un milímetro o un kilómetro de lo real. la Estatua de la libertad, la Torre Eiffel y la Puerta de Alcalá, eran más pequeñas de lo que algún día pensé; La Monaliza, la fotografiada vedette del Louvre, una simple e insulsa solterona; el río Amazonas, mucho más grande, majestuoso e inmenso; el viaje en ferry hasta Mompox, no bastaba con atravesar el Magdalena, La Selva del Darien, Tan húmeda y llena de ranitas de colores; el Mar de Sapzurro, mi color preferido; el viento en una tarde de otoño en Venecia, fresco y melancólico, Alicia en el País de las Maravillas y el conejo en Central Park, tan apresurados por el césped; el barrio la Macarena acá en Bogotá, como un juego de lucecitas blancas de navidad, las casonas de la Habana Vieja, frescas y grandes.

Con las ruinas de Machu Picchu me paso igual, las imagine distintas, diferentes, quizás la cantidad exagerada de turistas desvaneció un poco el encanto, si las ruinas, las que salen en postales, las que descubrió a principios del siglo XX un profesor norteamericano, las mismas que quedan en un pedazo de los Andes … Machu Picchu sabe a pieza de museo, a guía con guión aprendido a la fuerza, a lista de chequeo de people and arts, discovery channel y todos esos programas seudo interesantes que pasan por la tele, huele a ruinas redundantes, ya conocidas, ya habitadas por cualquiera en cualquier vida, a entrada con boleto a pedazo congelado en el tiempo, a lo que sabe una lata de comida en conserva, Machu Picchu, sabe a caramelo repetido, a libro de historia del cole, lo podes conservar en afiche, en camiseta, en cenicero, en libro guía, en el lonely planet robado o si lo queres tener más cerca de tu cuerpo imprimí una postal en una toalla playera y ya esta (me van a matar las agencias de turismo, los puristas defensores de los grandes sitios de la humanidad, los peruanos, los latinoamericanos hasta la cabezona de Mercedes Sosa, pero que va … me arriesgo a contar mi verdad)



La anterior percepción fue premeditada, porque sin querer sin intuirlo siquiera, antes de subir a la Montaña joven o a la montaña vieja ya se me ha olvidado, recorrí un circuito no tradicional en las guías de promoción, y así conocí el breve espacio (palabras robadas de una canción de protesta) donde habita la melancolía y la nostalgia, la tranquilidad y la paz, la tierra del silencio, de la perfección, el cielo en el que nunca creí ni llegare a creer, la tierra de los antepasados, de los que ya no están, a Maras se llega a través de una carretera ubicado al occidente del Qosqo a 3300 m.s.n.m. y sobre un llano que en época prehistórica fue una gran meseta. Desde allí se aprecia parte de la cordillera de Urubamba y las cumbres nevadas del "Weqey Willka" 5682 mts. y el "Chikón" 5530 mts.

A unos 7 kms. al suroeste de Maras se halla Moray; grupo arqueológico único en su género, se trata de depresiones u hoyos naturales gigantescos en la superficie del terreno que fueron utilizados para construir en sus contornos terrazas o andenes agrícolas con sus respectivos canales de irrigación; por sus condiciones climáticas y otras características, fue un importante centro de domesticación, aclimatación e hibridación de especies vegetales salvajes que fueron modificadas o adaptadas para el consumo humano.


Hacia el noroeste del pueblo de Maras se encuentran las salineras conocidas por algunos como "minas de sal" están constituidas por unos 3000 pozos pequeños con un área promedio de unos 5 m, construidos en un costado de la inclinación de la montaña de "Qaqawiñay", padeci durante toda la tarde que recorrí estos lugares el Síndrome de Sthendal*, por la belleza que trae consigo la sensación del abandono, la placidez del silencio, de estar con uno mismo y con los otros, camine descalza y despojada de todo por la tierra en la que te dan ganas de morir, de descansar por siempre, el viento frió y fuerte de los andes ... lugares dolorosamente perfectos, habitados por la agradable y liviana sensación que produce el vacío.

*Síndrome de Stehndal: El síndrome de Stendhal es una enfermedad psicosomática que causa un elevado ritmo cardiaco, vértigo, confusión e incluso alucinaciones cuando el individuo es expuesto a una sobredosis de belleza artística, pinturas y obras maestras del arte, a mi me ataco por la belleza del paisaje.

miércoles, enero 18, 2006

Cuarta Entrega … de un relato interminable

Lo confieso … estuve a punto de desistir y no escribir más, las anteriores crónicas serían la historia de un viaje inconcluso, igual todos los días llegan y salen turistas del Perú; sin embargo vencí mi característica principal, aburrirme rápido de las cosas nuevas, yo adoro y soy adicta, continuando con el tema de las adicciones, de la rutina, escuchar la misma canción dos mil quinientas veces hasta desintegrar el CD, ver la misma peli, usar la ropa igual todos los días, y no tolerar que modifiquen la disposición de mis objetos y muebles, eso puede realmente descontrolarme, además de llevar por más de veinte años una hebilla café sencillísima, hecha en Francia la cual denomino hebilla mágica, si se me pierde … catástrofe de un intento de autista, con la gente soy igual, soy resistente en extremo a conocer personas nuevas y que; y las que he conocido a lo largo de mi vida - como no hago ningún esfuerzo por relacionarme - se han ido desvaneciendo como las manchas de pintura de una camiseta vieja que lavas y lavas y vuelves a lavar.

Como dice la canción, solo mi madre me comprende a mi, ah se me olvidaba adoro el azul, mi camisa de la suerte la vieja y la nueva, que son exactamente iguales tienen rayitas azules, duermo en una cama con sabanas azules, duvet azul, fundas azules, pantalón de pijama azul y para variar siempre tengo que dormir con un busito que también es azul, el tendido de la cama es azul, igual que el cielo azul.

Acabo de leer los párrafos anteriores y me ha dado un ataque de risa de las tonterías que escribo, peor de la tontería de rutina obsesiva de vida que llevo, si también me rió sola y de acuerdo con las últimas descripciones de personas cercanas del tercer tipo, soy demasiado parca, seria (detesto esa palabra) detestable tal vez fastidiosa, me encantan los niños para alterarlos, no tengo fe en que el mundo cambiara, pero igual todos los días me levanto, a veces sonrió solo a veces y se me hacen dos huequitos en cada una de mis mejillas, siempre siempre llevo la ceja derecha despeinada y sí lo acepto soy medio h.p. tengo un humor negro, sórdido, macabro, mis comentarios son ácidos y cítricos peores que la serpiente de la canción de Silvio, yo no sueño con serpientes, yo soy una serpiente.

Obsesiva, compulsiva, excesiva en lo rutinario, critica mordaz y también soberbia, por que una introducción casi egocéntrica para dos parrafitos sobre la continuación de las crónicas de viaje, porque esta va dedicada a las personas que me aguantaron y con quienes compartí esta historia, que hicieron que al menos durante una semana cantara todo el día canciones de salsa que nunca me interese en aprender, que me riera en exceso, que deseará con la mayor intensidad volverme buena, que metiera el dedo índice en todos los panes, tortas, purés y almohadas e incluso en la barrigota de una turista no me controle y le hundí mi dedo en su súper barriga lo cual además nos hizo reír hasta el cansancio, hasta el dolor que te produce en el abdomen una risa intensa, abrace y toque por demás a la gente del Perú, y eso es un fenómeno en personas como yo, toda la gente me pareció divina, me enamore intensamente del novio de una de nuestras guías, por la pasión y la calidez con la cual describió la historia de sus antepasados los incas y la fe en una nueva nación, los niños, los colores de los niños, sus atrapasueños, la cordialidad, permanente, la calidez, las sonrisas, las canciones compartidas con el guía que nos llevo a Pumamarca, las ruinas deshabitadas hasta de turistas, que personas más bonitas, mas tranquilas, mas amables, mas queridas

Ah y punto aparte Ana y Maria, mis compañeras de viaje; Ana siempre estuvo alegre siempre sonriente; se encargo de toda la logística, hasta de manejar la plata, así que nunca nos tuvimos que preocupar por nada; canto todas las canciones de salsa conmigo – creo que tiene grabadas como doscientas mil canciones en la neurona encargada de procesar la música de emisoras, que palabra más arcaica - además que se las sabe todas, todísimas; cuando se me ocurrió quitarme los zapatos ella también se los quito; nos tomo fotos cada dos segundos; me permitió descubrir las galletas choco sodas de Nabisco y logró que se generara en mi una nueva adicción; toleró con mucha convicción mi indecisión permanente a la hora de comprar; nos llevo a lugares tan bonitos y olorosos como las islas Ballestas, a pesar de que tenía que ir al otro día al trabajo, además nos preparo un delicioso plato de pollo al curry después de una larga jornada laboral; soporto por mi antojo, las filas para entrar a La mar; me cedió un espacio en su vestier para guardar mi ropa, me regalo una bolsita de esas que te dan en las agencias de viaje para guardar el pasaporte y otros documentos, me regalo un block de notas para tomar notas (ja), me llevo a su oficina, me mostró su oficina y sus compañeros, soporto con estoica paciencia mi ataque de locuacidad, mis silencios mañaneros, limpio la bolsa de mis artículos de aseo cuando se derramaron, aguanto además mi intoxicación alcohólica, lo confieso mi capacidad para soportar cualquier grado de alcohol es mínima, así que una torta envinada me emborracha, el astringente me produce guayabo al día siguiente .. . se podrán imaginar lo que produjeron en mi dos copas de pisco sour tomadas de un tirón en Cuzco y dos copas de un vino dulce dulce como el bocadillo, tomadas en Ollantaytambo.

Maria, como ya saben es la hermana de Ana, igual soporto con la misma paciencia o impaciencia? mi necedad permanente, las bobadas inventadas como el saliva saludo y otras tonterías, aguanto también las canciones de salsa, aún me queda la duda si le gusta, además durmió algunas veces en un colchón inflable incomodísimo y me cedió su puesto en la cama cuando por orden de preeminencia, obvio era la hermana mayor de Ana la anfitriona, ese puesto le correspondía a ella; me dejo hacer adelante en el carro y ella atrás, en el puesto en el que uno no escucha nada de lo que están hablando las ñoñas de adelante, se mamo (sic excusen la expresión) toda una mañana visitando museos e iglesias conmigo que es el plan más aburridor, que tendrá de interesante el culto a una muñequita en la iglesia principal de la ciudad? Yo todavía no entiendo, dejo que nos riéramos durante todo el viaje de la historia de carry (por decir curry) es que ser hermana mayor es medio aburridor, las hermanas menores siempre nos tomamos confianza y les perdemos el respeto por completo, o si no que mi hermana mayor contra argumente, resistió mis comentarios impertinentes y descontextualizados, en particular la expresión frecuente “quiéranse”, también le toco soportar como ya lo dije unas frases más arriba mi indecisión a la hora de comprar, mi intolerancia al alcohol, se solidarizo conmigo en la búsqueda frenética por encontrar un cachito solo un cachito de marihuana, aprendió a decir mentiras como yo y al final no era tan seria como creía en la crónica 2.

Así que mejores compañeras de viaje no podré encontrar, un sali saludo súper especial y gracias por s o p o r t a r m e …

viernes, diciembre 23, 2005

Proxima Navidad ... lo mismo

"... Esa Busqueda de lo bonito es una trampa. Un cliché. Las Flores y las luces de Navidad son lo que estamos programados para amar ... " - Chuck Palahniuk