
Dedicada a la mala escritura, a propósito de Charles Bukowski, un perdedor sin pretensiones. Advertencia, en letra menuda, esta crónica esta tan pesada y mal escrita como la vida misma.
Es extraño como nos imaginamos los países, las ciudades, los lugares, las pinturas, los personajes de los libros, los sitios cliché, siempre nos llevamos una sorpresa por dimensionar o subestimar, nos alejamos o acercamos un milímetro o un kilómetro de lo real. la Estatua de la libertad, la Torre Eiffel y la Puerta de Alcalá, eran más pequeñas de lo que algún día pensé; La Monaliza, la fotografiada vedette del Louvre, una simple e insulsa solterona; el río Amazonas, mucho más grande, majestuoso e inmenso; el viaje en ferry hasta Mompox, no bastaba con atravesar el Magdalena, La Selva del Darien, Tan húmeda y llena de ranitas de colores; el Mar de Sapzurro, mi color preferido; el viento en una tarde de otoño en Venecia, fresco y melancólico, Alicia en el País de las Maravillas y el conejo en Central Park, tan apresurados por el césped; el barrio la Macarena acá en Bogotá, como un juego de lucecitas blancas de navidad, las casonas de la Habana Vieja, frescas y grandes.
Con las ruinas de Machu Picchu me paso igual, las imagine distintas, diferentes, quizás la cantidad exagerada de turistas desvaneció un poco el encanto, si las ruinas, las que salen en postales, las qu
e descubrió a principios del siglo XX un profesor norteamericano, las mismas que quedan en un pedazo de los Andes … Machu Picchu sabe a pieza de museo, a guía con guión aprendido a la fuerza, a lista de chequeo de people and arts, discovery channel y todos esos programas seudo interesantes que pasan por la tele, huele a ruinas redundantes, ya conocidas, ya habitadas por cualquiera en cualquier vida, a entrada con boleto a pedazo congelado en el tiempo, a lo que sabe una lata de comida en conserva, Machu Picchu, sabe a caramelo repetido, a libro de historia del cole, lo podes conservar en afiche, en camiseta, en cenicero, en libro guía, en el lonely planet robado o si lo queres tener más cerca de tu cuerpo imprimí una postal en una toalla playera y ya esta (me van a matar las agencias de turismo, los puristas defensores de los grandes sitios de la humanidad, los peruanos, los latinoamericanos hasta la cabezona de Mercedes Sosa, pero que va … me arriesgo a contar mi verdad)
e descubrió a principios del siglo XX un profesor norteamericano, las mismas que quedan en un pedazo de los Andes … Machu Picchu sabe a pieza de museo, a guía con guión aprendido a la fuerza, a lista de chequeo de people and arts, discovery channel y todos esos programas seudo interesantes que pasan por la tele, huele a ruinas redundantes, ya conocidas, ya habitadas por cualquiera en cualquier vida, a entrada con boleto a pedazo congelado en el tiempo, a lo que sabe una lata de comida en conserva, Machu Picchu, sabe a caramelo repetido, a libro de historia del cole, lo podes conservar en afiche, en camiseta, en cenicero, en libro guía, en el lonely planet robado o si lo queres tener más cerca de tu cuerpo imprimí una postal en una toalla playera y ya esta (me van a matar las agencias de turismo, los puristas defensores de los grandes sitios de la humanidad, los peruanos, los latinoamericanos hasta la cabezona de Mercedes Sosa, pero que va … me arriesgo a contar mi verdad)La anterior percepción fue premeditada, porque sin querer sin intuirlo siquiera, antes de subir a la Montaña joven o a la montaña vieja ya se me ha olvidado, recorrí un circuito no tradicional en las guías de promoción, y así conocí el breve espacio (palabras robadas de una canción de protesta) donde habita la melancolía y la nostalgia, la tranquilidad y la paz, la tierra del silencio, de la perfección, el cielo en el que nunca creí ni llegare a creer, la tierra de los antepasados, de los que ya no están, a Maras se llega a través de una carretera ubicado al occidente del Qosqo a 3300 m.s.n.m. y sobre un llano que en época prehistórica fue una gran meseta. Desde allí se aprecia parte de la cordillera de Urubamba y las cumbres nevadas del "Weqey Willka" 5682 mts. y el "Chikón" 5530 mts.
A unos 7 kms. al suroeste de Maras se halla Moray; grupo arqueológico único en su género, se trata de depresiones u hoyos naturales gigantescos en la superficie del terreno que fueron
utilizados para construir en sus contornos terrazas o andenes agrícolas con sus respectivos canales de irrigación; por sus condiciones climáticas y otras características, fue un importante centro de domesticación, aclimatación e hibridación de especies vegetales salvajes que fueron modificadas o adaptadas para el consumo humano.
Hacia el noroeste del pueblo de Maras se encuentran las salineras conocidas por algunos como "minas de s
al" están constituidas por unos 3000 pozos pequeños con un área promedio de unos 5 m, construidos en un costado de la inclinación de la montaña de "Qaqawiñay", padeci durante toda la tarde que recorrí estos lugares el Síndrome de Sthendal*, por la belleza que trae consigo la sensación del abandono, la placidez del silencio, de estar con uno mismo y con los otros, camine descalza y despojada de todo por la tierra en la que te dan ganas de morir, de descansar por siempre, el viento frió y fuerte de los andes ... lugares dolorosamente perfectos, habitados por la agradable y liviana sensación que produce el vacío.
*Síndrome de Stehndal: El síndrome de Stendhal es una enfermedad psicosomática que causa un elevado ritmo cardiaco, vértigo, confusión e incluso alucinaciones cuando el individuo es expuesto a una sobredosis de belleza artística, pinturas y obras maestras del arte, a mi me ataco por la belleza del paisaje.
utilizados para construir en sus contornos terrazas o andenes agrícolas con sus respectivos canales de irrigación; por sus condiciones climáticas y otras características, fue un importante centro de domesticación, aclimatación e hibridación de especies vegetales salvajes que fueron modificadas o adaptadas para el consumo humano.Hacia el noroeste del pueblo de Maras se encuentran las salineras conocidas por algunos como "minas de s
al" están constituidas por unos 3000 pozos pequeños con un área promedio de unos 5 m, construidos en un costado de la inclinación de la montaña de "Qaqawiñay", padeci durante toda la tarde que recorrí estos lugares el Síndrome de Sthendal*, por la belleza que trae consigo la sensación del abandono, la placidez del silencio, de estar con uno mismo y con los otros, camine descalza y despojada de todo por la tierra en la que te dan ganas de morir, de descansar por siempre, el viento frió y fuerte de los andes ... lugares dolorosamente perfectos, habitados por la agradable y liviana sensación que produce el vacío.*Síndrome de Stehndal: El síndrome de Stendhal es una enfermedad psicosomática que causa un elevado ritmo cardiaco, vértigo, confusión e incluso alucinaciones cuando el individuo es expuesto a una sobredosis de belleza artística, pinturas y obras maestras del arte, a mi me ataco por la belleza del paisaje.
